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SGAE o la manía de darle a todo aspecto oficial, legal o judicial

Llamar a la reflexión sobre ciertas actuaciones voluntarias, planeadas, gestadas, ejecutadas de forma deliberada y sus consecuencias, es algo que ya resulta pesado a todos los que sufrimos acoso por entidades privadas de gestión.
Lo tenemos todo muy “reflexionado” después de años de litigios.
Todo comenzó al recibir una agradable cartita con piel de cordero, una cartita, dos cartitas, tres cartitas, una “posible” auditoria (no siempre les ha sido necesaria la disección de nuestra contabilidad para determinar una cifra de deuda en concepto de canon con carácter retroactivo), un Excel tan simple como erróneo con una cifra millonaria, otra cartita más de reclamación… !si hay resistencia!, oferta de maravillosa rebaja, en donde el comerciante acosado puede escoger entre susto o muerte… y finalmente: Una demanda.
Demanda adobada con un, de nuevo, “prestigioso informe” realizado por un perito del Dpto. de robótica que afirma lo que bien que se graba, en y con, materiales informáticos.
 
Como buen catedrático afirma su profesionalidad y se reafirma bajo juramento en su imparcialidad a pesar de que en ningún punto del dictamen menciona que la capacidad de grabación es fectiva tanto con material audiovisual protegido por las entidades de gestión que le encargan el informe, como para grabar cualquier otro material audiovisual disponible y no protegido, libre, profesional o de propiedad del usuario.
Ya en otro momento hablaremos de los maravillosos cálculos de compresión que allanan el camino para tarifar, siempre multiplicando, a las entidades cobradoras… ¿Hasta cuanto estaría dispuesto a pagar este catedrático del departamento de robótica dentro de 5 años por un ordenador?, seguramente trillones, pero bueno, ahí están esos informes, unos para soportes, otros para mp3, otros para grabadoras…aportados a las demandas como prueba documental.
 
Y ya en los tribunales es en donde se destapa un baile de cifras que no cuadran a los jueces y que son incompatibles con cualquier reclamación económica y legitima que se haga con la ley en la mano.


En mi caso:
Excel: 48.000 euros
Rebajas: 20.000 euros
Demanda: 18.000 euros
Ante el juez: Hablan de que podrían reclamarme hasta 400.000 euros. Mencionan una cuarta cifra de 67.000 euros. Son incapaces de justificar ninguna de las cifras, ni tampoco el por que piden 1,20€ por 1 DVD de 4.7gb.


Otros ejemplos:
Excel: 425.000 euros
Rebajas: 180.000 euros
Demanda: 140.000 euros
Ante el juez: piden 50.000 euros (a repartir entre 3 entidades), esto sucede el mismo día del juicio instantes antes de que se celebre la vista, la cual lógicamente se suspende.

Y así una larga lista de casos en los que la única palabra que los describe y no les da posibilidad de nueva demanda por injurias o faltas al honor es el REGATEO.


El regateo es algo muy lícito, admisible, una virtud propia de quienes demuestran una gran habilidad para conseguir lo que desean al precio que desean. Es algo hasta deportivo, que se practica de forma popular en los mercadillos de domingo y que las agencias de viajes recomiendan ejercitar a sus clientes en según que destinos, como una atracción mas para fabricar una agradable anécdota.
Pero que todo esto se lleve ante los tribunales, el solicitar que un juez sea testigo de ese regateo, el argumentar ante el propio juez que: - El demandado ha de estar contento por la rebaja y por tanto sobra cualquier explicación para argumentar y documentar la cifra “siempre” millonaria que se reclama.
Es algo que aunque no merece reflexión por aberrante e inadmisible, si merece ser conocido.

 


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